PUBLICACIONES
 
 
 

La mirada en el otro. Conexiones – confrontaciones.

El catálogo se publicó para la exposición La mirada en el otro. Conexiones – confrontaciones. Premios Nacionales de Fotografía de España, exhibida en el Museo Nacional de Bellas Artes entre el 25 de marzo y el 18 de mayo de 2014.
Curada por Carmen de la Guerra y Javier Díez, la muestra está organizada por el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) y producida en España por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, cuenta con el apoyo del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación de España para su itinerancia internacional y la colaboración de la Oficina Cultural de la Embajada de España para su presentación en Argentina.
Se exhibe la obra de 14 artistas galardonados con el Premio Nacional de Fotografía del Ministerio de Cultura de España, desde su creación en 1994 hasta el año 2008. ​Es una exposición colectiva que reúne una selección antológica, síntesis de la historia de la fotografía española de los últimos sesenta años. En ella está representada la sociedad de la posguerra, con piezas de Gabriel Cualladó, Ramón Masats, Carlos Pérez Siquier o Joan Colom,  la  generación de fotógrafos que inician su trayectoria en los años 70, con el trabajo documental de Cristina Garcia Rodero, el universo particular de Toni Catany y del argentino Humberto Rivas, afincado en España, se pasa a los años 80, el período más pop con obras de creadores pertenecientes a la “movida madrileña”: Alberto García-AlixPablo Pérez –Mínguez y Ouka Leele, y nos adentramos en las últimas tendencias actuales de la fotografía conceptual  a través de fotógrafos como Chema Madoz, Joan Fontcuberta, Manuel Vilariño o Bleda y Rosa.", según escribe el curador
 
 

Larrañaga

El catálogo se publicó para la exposición Larrañaga, exhibida en el Museo Nacional de Bellas Artes entre el 17 de diciembre de 2013 y el 4 de marzo de 2014.
Esta muestra retrospectiva de la obra de Enrique de Larrañaga (San Andrés de Giles, 1900 – Buenos Aires, 1956) fue curada por Roberto Amigo y acercó al público un artista central en el arte argentino de la primera mitad del siglo XX. Asociado generalmente con la última etapa de su vasta producción, los payasos resueltos desde fuerte coloridos, la exhibición logra revisar críticamente su larga trayectoria a partir de núcleos significativos: el paisaje nacional de su momento inicial, seguidor de Fernando Fader, la estadía en España con sus luminosas vistas de Madrid y escenas populares, bajo el impacto de la obra de José Gutiérrez Solana. Por ello su obra es singular en el ámbito local, se afirma en la continuidad de una tradición española, cuando el “arte nuevo” se asociaba a la modernización de la escuela de París.
Larrañaga fue un artista reconocido en su tiempo por el gran público y la crítica por sus asuntos de circo y carnaval, pero además fue uno de los retratistas más sólidos de su generación. Por ello, los retratos ocupan un lugar tan destacado en la exposición como aquellas escenas de la cultura popular..

 
 
2013
 
 

Memoria de la Escultura 1895-1914. Colección MNBA

El catálogo se publicó para la exposición Memoria de la Escultura 1895-1914. Colección MNBA, exhibida en el Museo Nacional de Bellas Artes entre el 16 de octubre y el 25 de noviembre de 2013.

La exposición se acompaña de un exhaustivo catálogo, con un texto presentación de María Florencia Galesio, Jefa de Investigación del MNBA y curadora de la muestra. Por su parte, Adriana van Deurs y Marcelo Renard profundizan el tema del Impacto de la industrialización en la edición de la escultura en bronce en la Francia del siglo XIX, y trazan un panorama de la Escultura Italiana del siglo XIX y principios del XX en el MNBA. En tanto, Hugo Pontoriero trabaja en particular sobre La Elegía, mármol del francés Alexandre Falguière.

El área de Investigación del MNBA tuvo a su cargo los ensayos que conforman el corpus principal de esta exposición, a través de Patricia V. Corsani y Paola Melgarejo. María Inés Stefanolo, directora artística del Museo, introduce en su ensayo la importancia de la labora de conservación, y Mercedes de las Carreras, a cargo del área Gestión de Colecciones, trabaja sobre los procesos de conservación y restauración de las piezas.

La exposición aborda los inicios de la colección de esculturas del Museo Nacional de Bellas Artes. Su formación está directamente vinculada a la política de adquisiciones impulsada por el primer director de la institución, Eduardo Schiaffino, a partir de las donaciones provenientes de los salones del Ateneo, de compras efectuadas en Buenos Aires y en Europa, y de donaciones de coleccionistas y artistas concretadas durante los años de su gestión, entre 1895 y 1910. Schiaffino tenía en mente un museo de carácter metropolitano, con una colección que manifestara los cambios producidos a lo largo de la historia del arte y que cumpliera con una función social y educativa, siguiente los parámetros de museos europeos y norteamericanos contemporáneos.

El recorte temporal de la muestra incluye una selección de esculturas del patrimonio del MNBA que comprende el período de institucionalización del campo artístico argentino, desde su creación en 1895 hasta el IV Salón de Artes Plásticas de 1914, etapa en la cual estas obras atavesaron diversas instancias relacionadas con las cuestiones que acabamos de describir. La muestra revisa cuáles fueron las motivaciones que animaron a Schiaffino a formar una colección de esculturas de autores extranjeros e impulsar con firmeza la escultura argentina. Busca comprender en qué medida interactuaron en esos años germinales del MNBA, coincidentes con el cambio de siglo, los representantes del campo artístico local: artistas, gestores, salones, exposiciones, coleccionistas, invitando a la reflexión sobre las tensiones de la escena artística de la época.

 
 

Oski, un monje enloquecido

El catálogo se publicó para la exposición Oski, un monje enloquecido, exhibida en el Museo Nacional de Bellas Artes entre el 8 de octubre y el 1 de diciembre de 2013.

El catálogo incluye textos del curador de la muestra, Miguel Rep, así como también ensayos de Miguel Rojas, Juan Sasturain, Umberto Eco, y una biografía de Oski escrita por César Bruto.

La obra de Oski, que atraviesa la historia y la literatura argentina, es una oportunidad para acercar un relato diverso sobre el arte argentino del siglo XX. Durante mucho tiempo, la producción nacional en el campo de la historieta y el humor gráfco, a pesar de su fecundidad, ocupó un lugar segundario, menor, subalterno, en la historia de las artes visuales. Recién en los años setenta, fueron los estudiosos de la cultura popular quienes despuntaron la tarea de escribir la tradición y las filiaciones de la historieta como género, sistematizar el análisis de sus lenguajes y recursos expresivos, y ahondar en la crítica del valor estético de su producción. Sin duda, un reconocimiento y una visibilización institucional ampliamente merecidos.

En ese contexto, Oscar Esteban Conti, “Oski”, artesano fatigoso de este mundo de viñetas, autodefinido artista a secas, es uno de los grandes creadores de la historieta argentina, agente primordial de este arte en América Latina y precursor de figuras como Copi o Caloi, receptores de sus trazos ineludibles. Su mirada plástica, tan fina como barroca, conjunción de aguda ironía y ternura, decantó siempre en diálogo con la palabra escrita sobre tiras humorísticas, pero también sobre temas universales (la conquista de las Indias, la medicina, el deporte, la literatura, el zodíaco), que reinterpretó magistralmente en sus dibujos, con el extrañamiento frente a lo dado que hace posible el desafío de pensar.

En la antesala de cumplirse un siglo de su nacimiento, en 1914, esta exposición constituye la primera muestra individual de la obra de Oski en el Museo Nacional de Bellas Artes.


 
 

COLLIVADINO. BUENOS AIRES EN CONSTRUCCIÓN

El catálogo se publicó para la exposición COLLIVADINO, BUENOS AIRES EN CONSTRUCCIÓN que se realizó del 23 de julio al 22 de septiembre de 2013 en el Pabellón de exposiciones temporarias del MNBA

El catálogo fue prologado por el Secretario de Cultura Jorge Coscia y la directora del MNBA, Dra. Marcela Cardillo. En él publican sus ensayos la curadora: Dra. Laura Malosetti Costa y las investigadoras Marta Penhos, María Bjerg, Claudia Shmidt, Verónica Tell y Catalina Fara además de un dossier elaborado por Néstor Barrio y miembros del equipo de restauradores e investigadores del Instituto de Investigación sobre el Patrimonio Cultural (IIPC-TAREA) de la Universidad Nacional de San Martín, sobre las tareas de restauro e investigación material de la colección del Museo Pío Collivadino.

Pío Collivadino (Buenos Aires 1869-1945), construyó en sus pinturas, dibujos y grabados nuevas formas de belleza en la metrópoli moderna. Nacido en Barracas, hijo de una familia de inmigrantes lombardos, vivió en Italia entre 1890 y 1906, donde se formó como artista. Desde su regreso al país, plasmó en sus obras la transformación de Buenos Aires. La exposición propuso mostrar a Collivadino como el artista que construyó una mirada paisajística sobre la ciudad de Buenos Aires: en las escenas portuarias, los rascacielos y avenidas del centro, los nuevos edificios industriales, las usinas y puentes de sus orillas, y los barrios marginales de la metrópoli.

Esta exposición, curada por la Dra.  Laura Malosetti, exhibió el  fruto del trabajo llevado a cabo por un equipo multidisciplinario de la Universidad Nacional de San Martín quienes, desde el año 2008, catalogaron, investigaron y restauraron el patrimonio del Museo Pío Collivadino perteneciente a la Universidad de Lomas de Zamora.

Malosetti describe al maestro argentino como ”Dueño de una técnica refinada, dibujo sólido y un estilo por momentos puntillista, que alternaba con gruesos empastes, Collivadino captó la luminosidad de la ciudad y los suburbios en una serie de obras que se despliegan a lo largo de las tres primeras décadas del siglo XX”.

Figura influyente del campo artístico local de comienzos del siglo XX, Collivadino fue el primer artista argentino que participó en la Bienal de Venecia en el año 1901. Dos años más tarde envió el óleo La hora del almuerzo, obra perteneciente al patrimonio del MNBAEn 1907 fundó el grupo Nexus junto con Fernando Fader, Cesáreo Bernaldo de Quirós, Carlos Ripamonte, Justo Lynch, Alberto Rossi y los escultores Arturo Dresco y Rogelio Yrurtia.

Además de su actividad como pintor desempeñó, durante más de treinta años, un rol destacado como Director de la Academia Nacional de Bellas Artes donde fundó los talleres de grabado y escenografía, y tuvo a su cargo las cátedras de técnicas dibujo, pintura y  grabado desde donde formó a varias generaciones de artistas.

Instaló una nueva mirada sobre la ciudad en la pintura argentina. Buenos Aires, en proceso de transformación permanente,  fue difundida por medio de la fotografía en diarios y revistas, pero esos cambios no fueron reflejados en la pintura al óleo hasta el regreso de Collivadino a la capital porteña.  En la primera exposición de Nexus en 1907 se lo consagró como el “pintor de los faroles” suburbanos. Son habituales en sus pinturas puntos de vista y enfoques inspirados  en el lenguaje fotográfico.

En la muestra se exhibieron más de cien obras en distintos formatos y soportes pertenecientes al patrimonio del MNBA, a otros Museos argentinos y a colecciones particulares. Atravesó la época de formación del artista en Roma, su breve actividad como pintor mural en Montevideo y, a su regreso a Buenos Aires, el rol destacado que tuvo en la formación del grupo Nexus.

Los paisajes urbanos de otros artistas del grupo Nexus y algunas obras tempranas de Benito Chinchella (quien más tarde firmaría Quinquela Martín), grabados, fotografías y películas de la época acompañaron un conjunto de obras, bocetos y  dibujos preparatorios de Collivadino realizados durante las primeras décadas del siglo XX.


 
 

REVOLUCIONARIOS. ARIEL MLYNARZEWICZ

Catálogo de la exposición REVOLUCIONARIOS que se exhibió desde el 16 de agosto al 22 de septiembre de 2013 en la sala de exposiciones temporarias del segundo piso del MNBA.
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Por segunda vez,  en el Museo Nacional de Bellas Artes, se exhibió la obra de  Ariel Mlynarzewicz. En esta ocasión se trató de una  serie de  15  pinturas  de gran formato realizadas en ocasión  del Bicentenario de la Revolución de Mayo. Las obras representan la vida y la personalidad de algunas de las figuras más relevantes de las gestas emancipadoras del siglo XIX: Don José de San Martín, Mariano Moreno, Simón Bolívar, Juana Azurduy, Juan José Castelli, Manuel Dorrego, Miguel Martín de Güemes, Manuela Sáenz, Bernardo de Monteagudo y Manuel Belgrano.

Mlynarzewicz trabajó con óleo y se valió de espátulas y pinceletas anchas con las que impactó la materia sobre la tela. La elección de los colores se ajusta a la personalidad de los retratados. Según las palabras del propio artista: “No quise el pincel fino que busca el detalle. Eso es, en definitiva, lo mismo que hace el bronce: un acabado refinado. De esta forma la pintura se va moviendo, tiene otra biología”, y agrega “Un pintor representativo es muchas veces un cortesano. Yo quise poner agallas, como lo hicieron ellos, sin que me importara tanto el resultado, sino el acto rebelde”.

Acompañó la muestra la proyección de  ocho capítulos del ciclo documental “Revolucionarios” producido por el Centro de Producción e Investigación audiovisual (CePIA) perteneciente  a la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación y que registra el proceso de creación de los distintos cuadros. El documental mostró además de la realización de las obras, la investigación previa realizada por Mlynarzewicz y las charlas que el artista mantuvo con historiadores y personalidades tales como  Mario “Pacho” O’Donnell, Hernán Brienza, Gabo Ferro, Hebe de Bonafini, Hugo Chumbita, Osvaldo Bayer, Norberto Galasso y Diana Hamra, quienes aportaron sus puntos de vista sobre los distintos próceres a retratar.

 
 

BOTERO. DIBUJOS EN TELA Y EN PAPEL

El catálogo fue publicado con motivo de la exposición BOTERO, DIBUJOS EN TELA Y EN PAPEL que tuvo lugar del 21 de mayo al 7 de julio de 2013 en el Pabellón de exposiciones temporarias del MNBA.

Con la  exposición Botero, dibujos en tela y en papel, la obra de Fernando Botero se presentó por tercera vez en el MNBA. Se trató de una exhibición de 50 dibujos de la colección personal de Fernando Botero (Medellín, 1932) realizados entre los años 1973 y 2011. En el año 1994 se exhibió Botero en Buenos Aires y en el 2006 El Dolor de Colombia en los ojos de Botero, imágenes inspiradas en el tema de la violencia en Colombia y  que el artista donó al Museo Nacional de ese país.

Botero reflexiona con respecto a su propia obra diciendo “Mi color no se asemeja al violento y caótico de mi país. Me gusta la luz de París, mis colores son italianos, una de mis referencias constantes es Piero de la Francesca. Amo el siglo XV italiano”. Sin embargo  no  produce una ruptura con su Colombia natal ya que como él reconoce tiene con América Latina una profunda relación platónica.

En relación con  la temática de las obras, Teresa de Anchorena, curadora de la muestra comenta: “Recorrer la obra de Fernando Botero es irse de viaje en el tiempo y el espacio. Salir a pasear por las calles de ese pueblito que fue la ciudad de Medellín. A través suyo pasamos por el mercado, la iglesia, el burdel y las corridas de toros. Nos detenemos en las ventanas de esas casas de tejas coloradas para sorprender a sus habitantes en pleno quehacer cotidiano, para escuchar sus conversaciones e impregnarnos de esa atmósfera que huele a incienso y lavanda. Y tiene algo de fantástico.”

En estas obras Botero utiliza acuarela, lápiz, pastel, tinta y carbonilla tanto sobre papel como sobre tela. Se destaca trabajando con  sanguina sobre tela, técnica poco utilizada por los artistas y que requiere  una destreza y maestría excepcionales. El profesor Ángel Navarro, refiriéndose la importancia de este soporte,  señala que históricamente el papel ha sido el gran compañero de los artistas. Recurren a él para esbozar la primera idea de una obra,  estudiarla en sus detalles específicos y  determinar sus formas y aspectos especiales.

 
 
 
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Caravaggio y sus seguidores

Guillermo Alonso - Director del MNBA

Uno de los objetivos del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) es acercar al público las obras de los más destacados artistas de la historia. Con la exposición Caravaggio y sus seguidores se cumple ampliamente esta política.

En el marco de su programación, en estos últimos años, el MNBA se enalteció con la presencia de obras de artistas que marcaron un hito en la historia del arte. En 2011, proveniente del Museo Arqueológico Nacional de Nápoles expuso la copia romana en mármol del siglo I a. C. del Doríforo de Policleto (escultor griego del siglo V a. C.), una de las piezas mas relevantes de la antigüedad. En la actualidad, y como parte de La obra invitada del Museo Nacional del Prado, exhibe el óleo San Juan Evangelista del singular pintor Doménikos Theotokópoulos, El Greco (Candia, Creta, 1541 – Toledo, 1614), perteneciente a la prestigiosa pinacoteca española.

La exposición Caravaggio y sus seguidores se encuadra a su vez en la conmemoración del cuarto centenario del fallecimiento del pintor Michelangelo Merisi da Caravaggio (Milán, 1571 – Porto Ercole, 1610), que dio lugar desde el año 2010 a numerosas exhibiciones y debates a nivel internacional. Estas actividades ofrecen una nueva mirada sobre los valores renovadores de la producción del gran maestro lombardo. En este contexto el MNBA exhibe un grupo de óleos del artista, y pinturas de sus seguidores.

Caravaggio fue un artista fundamental en la renovación del arte de su tiempo. El dramatismo de sus escenas cautivó a sus contemporáneos. El planteo teatral de sus composiciones, en su mayoría de carácter religioso, ligado al manejo de la luz y la disposición de los personajes que pintó, en general, modelos de baja condición social, otorgó un carácter realista a sus obras, tratamiento que no estuvo exento de polémicas. Sus pinturas realizadas a partir de violentos contrastes de luces y sombras con figuras no idealizadas, modificaron el curso del arte del siglo XVII.

Su temprana fama le permitió obtener gran cantidad de encargos públicos y privados provenientes de importantes mecenas de la época. Dejó su marca en las ciudades que vivió: Milán, Nápoles, Sicilia, Malta y particularmente Roma, y aunque no tuvo discípulos, numerosos artistas continuaron su estilo. En esta oportunidad pueden verse obras de algunos de sus seguidores del siglo XVII: Bartolomeo Cavarozzi, Leonello Spada, Orazio Borgianni, Orazio Gentileschi, Giovanni Baglioni, Giovanni Battista Caracciolo, Artemisia Gentileschi, Simon Vouet, Orazio Riminaldi, Valentin de Boulogne, Tommaso Salini, José de Ribera, Mattia Preti y Hendrick van Somer.

Las pinturas exhibidas en esta ocasión dialogan con las de acervo del MNBA. Históricamente el museo formó y exhibió una importante colección de arte barroco (que incluye obras de algunos destacados seguidores de Caravaggio) con obras de Bartolomeo Cavarozzi, Luca Giordano, Francisco de Zurbarán, Peter Paul Rubens, Rembrandt Harmensz van Rijn, y José de Ribera entre otros. Las últimas investigaciones sobre estas piezas han despejado dudas, permitiendo ajustes de datación y de atribución, realizando nuevos aportes al arte del período. Esto se complementó con exposiciones temporarias sobre esta época atravesada por cambios políticos, económicos y religiosos. Continuando con las propuestas de las distintas gestiones de la institución, el museo presenta nuevamente obras de reconocidos artistas a nivel internacional.

Concebida por Rossella Vodret, y con la curaduría de Giorgio Leone, destacados especialistas italianos, en esta oportunidad el MNBA recibe una significativa selección de obras de Merisi y de sus seguidores, provenientes de importantes pinacotecas de Roma ( Galleria Nazionale d´Arte Antica di Palazzo Barbierini, Galleria Nazionale d´Arte Antica in Palazzo Corsini, Galeria Spada, Galleria Borghese, Museo Diocesano Prenestino di Arte Sacra), Urbino (Galleria Nazionale delle Marche), Florencia (Galleria degli Uffizi) y de colecciones privadas de Malta y Londres.

La exposición, que acaba de ser exhibida en el Museo de Arte de San Pablo, (MASP), se presenta en el renovado Pabellón de Exposiciones Temporarias del MNBA. El diseño museográfico se organizó a partir de elementos compositivos del estilo barroco, como las diagonales que marcan direcciones ascendentes, y se eligieron para los paneles tonalidades relacionadas con la paleta del propio Caravaggio. Las pinturas se exhiben en amplios espacios que privilegian la contemplación detenida de las piezas.

El catálogo que acompaña la exposición contiene estudios de carácter académico que destacan la importancia de Caravaggio y su obra en el contexto del arte europeo del siglo XVII; y realizan valiosos aportes en cuanto a atribuciones y a la peculiar manera de trabajar del artista. En estos ensayos, a cargo de destacados investigadores internacionales, se encuentran importantes trabajos científicos sobre conservación, con análisis de pigmentos, tipos de telas, bocetos, etc., realizados con métodos de última generación por especialistas en restauración. Asimismo se presentan dos ensayos a cargo del Área de Investigación del MNBA, un estudio sobre las exposiciones de Caravaggio y los caravaggistas en el museo, y un análisis de la colección de dibujos y pinturas del siglo XVII de la institución.

De este modo, la muestra Caravaggio y sus seguidores permite un fructífero intercambio con otras instituciones internacionales de primer nivel, acerca de  la obra de uno de los artífices del barroco, y pone de relieve las nuevas lecturas académicas sobre el artista y su época.

Esta exposición fue posible gracias al apoyo permanente de la Asociación Amigos del MNBA, de la Embajada de Italia -en su calidad de auspiciante- y el personal compromiso del Embajador Guido La Tella; de las empresas patrocinantes Case IH, New Holland, Iveco Argentina y Fiat Auto Argentina; a la alianza con Base 7 Proyectos Culturales Ltda y al personal del MNBA que ha llevado a cabo la producción integral de Caravaggio y sus seguidores.

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Real/ Virtual. Arte cinético argentino en los años sesenta.

Guillermo Alonso - Director del MNBA

Hace dos años, al señalar la política de exposiciones temporarias del Museo Nacional de Bellas Artes, en el inicio de los festejos conmemorativos del Bicentenario de la Revolución de Mayo, proponíamos un conjunto de exhibiciones que permitieran pensar el arte argentino del siglo XX. El proyecto se iniciaba con las vanguardias de los años veinte para finalizar con las propuestas renovadoras de los sesenta. Con la actual exposición Real/ Virtual. Arte cinético argentino en los años sesenta concluimos aquel ambicioso programa de dos años conformado por las muestras sobre las revistas Martín Fierro y Claridad; Antonio Berni, la Nueva Figuración, y tres sobre las fotografías de acervo. Este ciclo cierra no solo con una creciente afluencia de público en las salas del museo, sino también con sustantivas mejoras edilicias, entre ellas la reforma llevada a cabo en el Pabellón de exposiciones temporarias que hoy recibe al arte cinético.

La muestra sobre el cinetismo cumple, además, con uno los objetivos propuestos en esta programación: pensar el Museo Nacional de Bellas Artes como institución, es decir, en una larga duración que permitiese recuperar los hechos y actores valiosos del pasado, para analizar como el museo fue un agente principal en la modernización del arte argentino, en la consolidación de sus movimientos artísticos, en la difusión de las nuevas estéticas, en la política de inserción del arte local en el concierto internacional y en la conformación del gusto estético. Esta revisión crítica de nuestro arte ha permitido, además, la edición de catálogos que ponen a disposición de un  público amplio las nuevas lecturas académicas, fortaleciendo la relación del museo con los avances en el conocimiento de nuestra cultura.

La actual curaduría de maría José Herrera, despliega una sutil relación entre sus obras, cuya potencia visual domina el espacio del pabellón, en diversos juegos de escala, que activan los distintos niveles de registros que permite el cinetismo. Real/ Virtual. Arte cinético argentino en los años sesenta presenta las obras del patrimonio del MNBA, en su mayoría adquiridas contemporáneamente al cinetismo, puestas en relación con las provenientes del coleccionismo privado. Como señala la curadora, esta exposición se centra en la relación institucional con el arte cinético, es decir, mediante el análisis de las exhibiciones y las políticas de gestión que permitieron incluir el cinetismo en las colecciones. Por ello, la muestra se inicia con el impacto en el medio artístico de la exposición de Victor Vasarely, en 1958, tanto en su geometría óptica y su resolución en blanco y negro como en la producción serial a bajo precio. La muestra actual es el despliegue del desarrollo del cinetismo como movimiento virtual y real, pero también de los mecanismos de legitimación de un movimiento internacional de las vanguardias de los años sesenta, radicalmente politizadas.

Como se subraya en los ensayos del catálogo, nuestro arte cinético tuvo un papel central en la revalorización del arte argentino contemporáneo llevada a cabo por las direcciones de Jorge Romero Brest y Samuel Oliver, desde fines de los años cincuenta y los primeros sesenta. El arte cinético no solo fue protagonista de exposiciones hoy ontológicas – como La inestabilidad, de 1964, una de las más visitadas en la historia del museo -, sino también privilegiado en una dinámica política de adquisiciones (incluso de obras de artistas extranjeros que permitieran potenciar los vínculos con el arte contemporáneo) que daban cuenta de la nueva visión del mundo abierta con la posguerra, en la expresión del dinamismo de la nueva vida moderna atravesada por la velocidad y la tecnología, el progreso y el desarrollo como motor de la sociedad. El programa de GRAV, entre cuyos fundadores figuran los argentinos Julio Le Parc y Horacio García Rossi, no es un arte formalista, sino la propuesta de la anulación de la pasividad de los espectadores, mediante su participación activa.

El libro catalogo cuenta con ensayos sustantivos que permiten una comprensión de la complejidad del movimiento cinético y sus particularidades en la Argentina. En primer lugar, el de la curadora Herrera, que permite pensar la compleja trama de relaciones que implica el desarrollo del arte cinético; en este sentido, resulta revelador el análisis del contraste entre los discursos de la crítica del arte, que afirman los aspectos tecnológicos, y la materialidad “pobre” de los propios objetos expuestos entonces.

La lectura conceptual de Elena Oliveras, una de las primeras investigadoras del cinetismo, se complementa con la de la historiadora Cristina Rossi sobre los tránsitos entre París y Buenos Aires. María Florencia Galesio, Paola Melgarejo y Patricia V. Corsani, del área reinvestigación del MNBA, escriben sobre un aspecto central de la exposición: en cinetismo y el Museo Nacional de Bellas Artes. Otros integrantes de ese equipo, Pablo de Monte y Lucía Acosta, realizan precisas entradas sobre algunas obras exhibidas. Mariana Marchesi presenta, mediante entrevistas, la mirada actual de los artistas sobre su experiencia de los años sesenta en el cinetismo.

Esta muestra no hubiera sido posible sin los préstamos de otras instituciones, coleccionistas privados, los propios artistas y sus familias; a todos ellos, nuestro agradecimiento. La Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes, con su constante colaboración, ha permitido montar esta exposición y publicar un libro catálogo.

Finalmente, pero no en último lugar, nuestro reconocimiento a los profesionales de las diversas áreas del MNBA que han logrado concretar este proyecto, y de este modo han permitido no sólo que nuevas generaciones adquieran un mayor conocimiento sobre el arte argentino, sino también participen “habitando” las obras de arte cinético.




     
   

“Claridad: la vanguardia en lucha" (1920- 1940)

Presentación por el Dr. Guillermo Alonso – Director ejecutivo el MNBA.

El pensamiento libre tuvo en la revista Claridad uno de sus exponentes mas altos dentro de la cultura argentina. En sus páginas se agruparon aquellos vanguardistas convencidos de que el arte no debía ser ajeno a las necesidades del pueblo, que la literatura y las artes plásticas poseían la capacidad de hacer consciente la realidad y, también, de mejorarla. Publicación de excelencia del pensamiento de las izquierdas, fue dando cuenta de la trágica historia de la primera mitad del siglo XX; los años de su aparición coinciden con los de las democracias de masas y con el totalitarismo, con los sueños revolucionarios y con la derrota de la Guerra Civil española y, fundamentalmente, con la intensa lucha contra el nazi-fascismo.

Revista de “arte, crítica y letras”, dirigida por Antonio Zamora, elaboró su pensamiento al ritmo de su tiempo, marcado por la fuerza irrefrenable de la Revolución de Octubre. Claridad fue la tribuna de los intelectuales para cumplir sus objetivos de libertad de opinión y de transformación del mundo.

El barrio popular se ha establecido en nuestro imaginario, en parte, desde aquellas construcciones artísticas y literarias de los años de Claridad. Boedo, Barracas, La Boca eran territorios donde ocurría la vida real, la de la clase trabajadora con sus miserias y sus esperanzas. La exposición presenta las pinturas que fijaron ese paisaje urbano, realizadas por Santiago Stagnaro, Eugenio Daneri, Pío Collivadino y Alfredo Lazzari, entre otros.

Sergio A. Baur, con su erudita curaduría, logra sumergirnos en ese mundo en lucha; señala que Claridad es la condensación de una historia más extensa que los estrictos años de su publicación, y para ello nos acerca sus antecedentes literarios y visuales, sus referentes internacionales, las lecturas predilectas y a sus seguidores, la galería de intelectuales, escritores y revolucionarios que divulgan sus portadas. Sergio Baur nos invita a reflexionar sobre su herencia, que es pensar la historia argentina desde el legado de sus inmigrantes trabajadores, con sus ideas y sus formas de asociación, y su papel central en la defensa del hombre ante la guerra y el fascismo.
Con Claridad, la vanguardia en lucha, Baur concluye su complejo panorama expositivo de la modernización artística en la Argentina, iniciado con la muestra

El periódico Martín Fierro en las artes y en las letras (1924-1927), llevada a cabo hace dos años. La polémica Boedo-Florida tiene ahora su segunda parte en el Museo Nacional de Bellas Artes, y permite que la estudiemos desde las imágenes. La materialidad de los libros y revistas, la belleza formal de sus portadas pueden ser un punto de encuentro de los cruces estéticos entre “realistas” y “formalistas”. Las disputas sobre el arte, además de principistas posiciones estéticas, también podían entrecruzarse en la común aspiración moderna frente a la tradición.

Desde una nueva relación entre las imágenes, la curaduría de Sergio Baur pone en escena las redes de artistas, escritores e intelectuales, pero también ofrece la genealogía del pensamiento argentino, desde las mismas portadas de Claridad.
El catálogo, complementario de la exposición Martín Fierro, sin duda se convertirá en una herramienta de estudio tanto por sus escritos como por las producciones de los objetos expuestos. El sugestivo ensayo de Sergio Baur ofrece las claves para interpretar y disfrutar la  exposición, desde una mirada totalizadora que, sin embargo, no reniega del detalle. Luego se suman el estudio de Noé Jitrik sobre la literatura del Grupo de Boedo, y el de Diana Wechsler sobre la crítica artística en Claridad – que contaba con una sólida sección fija denominada “por las exposiciones”-. Por su parte, Laura Malosetti Costa ofrece una lectura de Sin pan y sin trabajo, obra emblemática de la pintura realista y de la colección del MNBA, que en el contexto de esta exposición adquiere nuevas resonancias. Roberto Amigo ofrece una interpretación de Medianoche en el mundo de Antonio Berni, en el marco de la lucha antinazi-fascista, en la dramática continuidad de la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial.

Finalmente, Florencia Galesio y Paola Melgarejo, del área de investigación del Museo, desarrollan una mirada que va desde las colecciones del MNBA a los artistas próximos a Claridad, en particular, los grabadores de los Artistas del Pueblo.

Claridad, la vanguardia en lucha es resultado del trabajo de las diversas áreas del MNBA, que han producido en su totalidad la exposición. El MNBA agradece a las instituciones públicas y colecciones particulares que han facilitado objetos que la han enriquecido. El logrado diseño expositivo facilita la mirada detenida, el acercamiento intimista, el disfrute visual y la reflexión sobre uno de los momentos más notables de la cultura argentina. La Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes, mediante su apoyo, ha permitido concretar esta exposición en el renovado Pabellón de Exposiciones Temporarias.

Pensar la sociedad argentina desde las artes es uno de los desafíos planteados desde la programación del Museo; en este caso, los objetos de arte y las publicaciones reunidos por Baur deben permitir también pensar en futuros posibles, sueños colectivos. Emulando a Claridad, que el MNBA sea una tribuna de libertad de pensamiento.


     
   

Berni: Narrativas Argentinas

Presentación por el Dr. Guillermo Alonso – Director ejecutivo el MNBA.

En el año del Bicentenario de la Revolución de Mayo, el Museo Nacional de Bellas Artes propone un conjunto de exposiciones que presentan el arte argentino del siglo XX. La primera muestra, curada por Sergio Baur, exhibió la sólida investigación Martín Fierro en las artes y las letras, iniciado con las vanguardias de los años veinte el recorrido planteado por el último siglo. En esta ocasión se exhibe la obra de Antonio Berni; será la única muestra dedicada a un artista individual ya que las siguientes se ocuparán de dos movimientos relevantes: la Otra Figuración y el arte cinético óptico. Optar por el artista rosarino es una elección difícil porque ha sido objeto de muestras destacadas desde aquella recordada en 1984, curada por Martha Nanni, cuando un público numeroso recorría las salas de este museo con el fervor de la recuperada democracia.

La actual, con la curaduría principal de Roberto Amigo, ha contado con la colaboración de Nanni; así el Museo fortalece uno de sus objetivos: pensar la institución en una larga duración, que recupere los hechos y actores valiosos del pasado para construir un museo abierto, crítico y dinámico hacia el futuro.

La observación del conjunto selecto de las pinturas de Antonio Berni reunidas en el Pabellón del MNBA –construido para otro momento conmemorativo: el sesquicentenario, en 1960- confirma lo acertado de la apuesta de presentar a este artista al público por tercera vez. Su segunda exhibición en el Museo se llevó a cabo en 1997, reuniendo una gran cantidad de obras. La exposición actual se encuentra en las antípodas: el espectador se enfrenta sólo ante obras maestras, que recorren la trayectoria del artista desde una mirada crítica, que bien expresa este catálogo.
Sin duda, la impactante fuerza visual de las imágenes creadas por el artista permite volverse hacia el pasado siglo para reflexionar sobre el presente de la Argentina, ya que con la obra intervino en las discusiones centrales de la política internacional y local, acorde con su condición de intelectual comprometido. Además, la vitalidad del artista en el diálogo con la escena más reciente lo convirtió en el transmisor de las nuevas ideas estéticas y de un hacer artístico siempre renovado. Así, su obra no solo permite indagar el curso de la historia argentina –gracias a su mirada letrada a los sectores populares- sino también más específicamente la de los cambios de la figuración artística desde las vanguardias modernas hasta la exposición pictórica de los años ochenta.

Una pequeña sala reúne escogidos retratos y figuras de Antonio Berni, realizados en los treinta y cuarenta; las pinturas establecen vínculos formales e iconográficos, con un aire melancólico que eleva lo cotidiano a una instancia mágica. La Mujer del sweater rojo, Primeros pasos, Composición y Autorretrato con cactus, Paule y Lily y Lily se encuentran entre las obras más importantes del arte argentino en sus respectivos géneros; al pertenecer a diversas colecciones es un placer poder contemplarlas juntas.

La curaduría ha reunido las obras de tema social capitales de los años treinta, ya bajo el impacto del muralismo de David Alfaro Siqueiros. Así el público puede observar detenidamente en el mismo espacio, luego de casi tres décadas, a las célebres telas monumentales Manifestación, Desocupados y Chacareros, expresión de la teoría del nuevo realismo desarrollada por Berni en aquellos años en polémica con el artista mexicano. Estas pinturas refieren a la Argentina de la crisis social y económica pero también de la construcción de nuevos sujetos políticos, con sus sueños y expectativas.

En un guión que no se sujeta al mero recorrido cronológico, estas grandes obras dan paso a la sentimental serie de Santiago del Estero, con dos piezas que muestran la situación del noroeste de nuestra patria en los años cincuenta: las migraciones de las familias campesinas por la cuestión de la tierra. La fundamental Marcha de los cosecheros y El agua, con sus frontales grupos de hombres y animales recortados ante paisajes diversos, logran transmitir la soledad con la misma intensidad. Luego observamos una pintura de ideas también de los años cincuenta donde flamean las banderas picassianas de los Frentes por la Paz en el velorio de un luchador caído; su rostro –con un balazo en la sien- es el de nuestra América profunda. En la misma sala, dos obras impactantes de los años setenta: Contraste y Tailor, en las que los sujetos populares están resueltos sin color oponiéndose al fuerte cromatismo de la riqueza del consumo de New York. Reunidas frente a las pinturas de los años treinta generan un relato sobre las injusticias del sistema en la reiteración de sus crisis cada vez más impiadosas con los desocupados y trabajadores.

Luego un conjunto de obras de las series Juanito Laguna y Ramona Montiel, con la fuerza visual de los ensamblajes de desechos urbanos, indican la nueva mirada del artista a los sectores populares en los años sesenta y setenta. Además la selección impacta por las diferencias técnicas entre las obras iniciales y las piezas tardías de ambas series, apreciables en una secuencia de obras claves, entre las que se encuentran Juanito Laguna lleva la comida a su padre peón metalúrgico, La Navidad de la familia de Juanito Laguna, junto a Juanito Laguna aprende a leer, más cuatro estupendos “Juanitos” de los años setenta ya como un chico de las villas miseria más que un niño proletario. La gran ilusión, una fuerte alegoría sobre la sociedad de consumo, dialoga en El examen con su montaje de fuerte visualidad, que muestra el nuevo erotismo de Ramona en los años setenta, tan distante de la vida de barrio de La boda de 1959.
Finalmente, la muestra cierra con una síntesis histórica y artística: Medianoche en el mundo de 1937, cartel republicano sobre la tragedia de la guerra civil española; La pesadilla de los injustos de 1961, un alegato del artista sobre la injusticia; los robots polimatéricos de La masacre de los inocentes de 1971; y la obra inconclusa de 1981, abierta a diversas interpretaciones por la figura femenina tendida en la playa bajo un avión en un vuelo nocturno.

El libro-catálogo presenta posiciones novedosas sobre la obra de Antonio Berni, a cargo de los curadores Roberto Amigo y Martha Nanni, más los investigadores invitados Guillermo Fantoni, Silvia Dolinko e Isabel Plante, que complementan una mirada a la trayectoria del artista con aspectos no tratados en la exposición, como la etapa surrealista, el impacto de su obra en grabado, y su fortuna crítica durante su estadía parisina. De este modo se difunde en una publicación del Museo, para un público amplio, el saber elaborado en las universidades. Este aspecto no es anecdótico, sino que forma parte de la política del Museo para consolidar el debate académico y cultural, y el pensamiento sobre el patrimonio puesto en escena en cada exposición.

La relación de Berni con el MNBA se desarrolla en los textos del equipo del área de investigación: María José Herrera, Florencia Galesio y Paola Melgarejo. Una sección del catálogo incluye el inventario de obras del artista que custodia el Museo, fondo enriquecido el año pasado con la extraordinaria adquisición de La pesadilla de los injustos.

Quiero agradecer especialmente a Hernán Lombardi, ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, por su apoyo para los préstamos de obras centrales del artista en posesión de museos de la Ciudad, agradecimiento extensivo a Laura Buccellato, directora del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, y a María Isabel de Larrañaga, directora del Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori. Agradezco al Museo Castagnino de Rosario y al Malba-Fundación Constantini por haber felicitado obras centrales de su patrimonio y de sus guiones museográficos.

Los coleccionistas privados han facilitado obras emblemáticas del artista para que puedan ser disfrutadas por el público en ocasión del Bicentenario, un agradecimiento fuerte para ellos ya que sin su generosa colaboración no se hubiera logrado la calidad extraordinaria de pinturas reunidas.

Desde ya la Asociación de Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes por su apoyo constante a los proyectos de Museo, y la CITI que inicia con esta exposición un camino de colaboración.

Finalmente, pero no en último lugar, al personal del MNBA que ha llevado a cabo la producción integral de Berni: narrativas argentinas.
Un último deseo: que al recorrer la muestra el espectador piense la historia del último siglo, que los relatos visuales de Berni activen las preguntas que permitan comprender nuestro presente, para construir un país que incluya a su futuro Juanito Laguna.


     
   

Nueva Figuración 1961-1965 - Deira – Macció – Noé – De La Vega
El estallido de la pintura.

Presentación
Guillermo Alonso
Director Ejecutivo del MNBA

Han pasado cincuenta años desde que irrumpió en el escenario del arte latinoamericano la Nueva figuración, con las fuertes personalidades de Ernesto Deira, Rómulo Macció, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega. Aquella exposición inaugural en la Galería Peuser en 1961 se considera uno de los hechos fundadores de la contemporaneidad del arte argentino, en una década marcada por la modernización que acelero sus tiempos para hacer del arte argentino un activo protagonista de la escena internacional.

La fuerza pictórica de la Nueva figuración se reactiva en la exhibición actual, permitiendo volver a pensar la apuesta por llevar la pintura a su límite, estallido que superaba la dicotomía establecida entre abstracción y figuración, heredera de la posguerra.

El Museo Nacional de Bellas Artes propone una doble celebración con La Nueva figuración, 1961-1965. El estallido de la pintura: los mencionados cincuenta años de la muestra inaugural del grupo y la conmemoración del Bicentenario de la Revolución de Mayo. Así, concluye con la actual exposición la programación desarrollada por la institución para los festejos del mismo, luego de las dedicadas a la vanguardia de la revista Martín Fierro y la obra de Antonio Berni.

De este modo, dos motivos festivos se reúnen desde la certeza de que las obras de arte permiten establecer los lazos existentes actuales con la realidad que ellas mismas conformaron, ya que desde las posturas estéticas es posible comprender los deseos y las disputas por los modelos de sociedad. El MNBA, con las exposiciones programadas y la catalogación de su patrimonio, se afirma como un museo productor de conocimiento, abierto al debate de los especialistas académicos pero también afirmando una apuesta sensible para acercarlo a un público amplio que además pueda disfrutar de la nueva cercanía con artistas y obras centrales del arte argentino. Es decir: estimular nuevos interrogantes y, a la vez, ofrecer instantes de placer estético.
El cuestionamiento a lo establecido, la realidad, la construcción de teorías que comprenden e interpelen la realidad, el compromiso con su tiempo, la apertura al mundo son algunas de las custiones que se nos presentan cuando observamos el accionar de Ernesto Deira, Rómulo Macció, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega entre los años 1961 y 1965.

La fuerte identidad común no oculta las individualidades artísticas; aún más, se consolida como proyecto en la defensa de las particularidades, provenientes sus obras de búsquedas estéticas previas disímiles: “No constituimos un movimiento, ni un grupo, ni una escuela, simplemente somos un conjunto de pintores que en nuestra libertad expresiva sentimos la necesidad de incorporar la figura”. Esta enérgica libertad de la Nueva figuración, el grito expresivo que surge de adentro del hombre, conserva hoy la fuerza programática como modelo de actuación.

El Museo Nacional de Bellas Artes ha sido parte central en la consagración de la Nueva figuración mediante la antológica exposición en sus salas de 1963; bajo el impulso modernizador de la institución llevado a cabo por Jorge Romero Brest, que incorporó muestras de jóvenes artistas de las vanguardias de los años sesenta a su política institucional. Aquella muestra fue montada en el pabellón, inaugurado en 1960 para los festejos del Sesquicentenario: el mismo escenario recibe hoy las pinturas de estos grandes artistas.

En 1985, el MNBA realizó una muestra de los integrantes del grupo a veinte años de su separación. Jorge de la Vega falleció en plena creatividad en 1971; Ernesto Deira murió en París en 1986. El MNBA dedicó muestras retrospectivas al primero en 1977, y en 2006 al segundo. En 1995 se realizó una gran retrospectiva de
Luis Felipe Noé; y en 2008 la exposición histórica Las armas de la pintura incluyó su Serie Federal. En 2009, en la FIESP-SESI de San Pablo, en MNBA organizó 1961: A arte argentina na encruzilhada. Informalismo e Nova figuraçao, confuerte presencia de los cuatro artistas. Luis Felipe Noé y Rómulo Macció exhibieron sus obras recientes en dos muestras cercanas: en 2008 Macció presentó Retratos y lugares, y el año pasado el Pabellón alojó en envío de Noé a la LIII Bienal de Venecia, al regreso de Italia. Esta enumeración afirma el interés constante del Museo tanto en la Nueva figuración como en la continuidad artística personal de sus integrantes luego de la disolución del grupo, aspecto reflejado en su colección, que conserva obras de diversos períodos, además del núcleo histórico.

La curadora invitada de El estallido de la pintura, Mercedes Casanegra, ha sido una de las primeras historiadoras en abordar estudios monográficos sobre Noé y de la Vega. El guión actual se encuentra organizado en núcleos significativos que recorren los años históricos del hacer conjunto de estos artistas, núcleos potenciados por el dinámico diseño expositivo propuesto por Gustavo Vázquez Ocampo, iniciando en las escaleras del hall de entrada con obras extraordinarias de cada uno de los artistas. La organización cronológica permite al visitante comprender la velocidad de los cambios de los años sesenta, desde la calidad de un grupo de artistas que piensan continuamente se práctica y el porque de la misma en la sociedad contemporánea.
Los años sesenta fueron ampliamente revisitados por historiadores del arte, críticos y curadores, en sus aspectos institucionales, estéticos y políticos; la Nueva figuración ocupa un lugar central en estas discusiones académicas reciente. Esta exposición apunta a continuar ese debate con los ensayos del propio Luis Felipe Noé, la curadora Mercedes Casanegra, más dos textos que los especialistas Agnès de Maistre y Patrick Frank. María José Herrera, jefa del área de investigación del MNBA, presenta la relación del Museo con los cuatro artistas.

Es un privilegio contar con un nuevo texto de Noé, no solo porque es el artista que conformó el cuerpo teórico del grupo, con la Antiestética y el concepto de “estructura del caos”, sino porque sus actuales reflexiones sobre el arte contemporáneo y la expansión del concepto de pintura ofrecen un contrapunto interesante al estallido de la pintura de los años sesenta. Del mismo modo, los ensayos de Casanegra, de Maistre y Frank amplían el conocimiento sobre la historia, la propuesta estética, la evolución del grupo y la repercusión internacional – entre otros tópicos – de la Nueva figuración.
Finalmente, deseo agradecer al Malba- Fundación Constantini, a la Galería rubbers y a los coleccionistas privados el préstamo de las obras relevantes de sus colecciones. Desde ya, a  la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes por su acompañamiento constante en los proyectos del Museo. A Rómulo Macció, Luis Felipe Noé y las familias Deira y de la Vega por aceptar que el MNBA celebre nuevamente la vigencia de su arte.




     
   

Colección MNBA

Es un honor para la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes acompañar la presentación de esta obra de recopilación y revisión ordenadas, que refleja la vigencia del patrimonio artístico de nuestra tan querida institución.

Si bien es presentado como un catálogo, este trabajo es mucho más abarcativo de lo que ese vocablo implica. Recoge la más variada y pletórica gama de los creadores que conforman el tesoro del museo y su muestra aspira a ser la más fiel representación de nuestro reservorio del arte universal.

Coincide este acontecimiento con la celebración del bicentenario de la independencia argentina. 200 años de nuestra joven nación cuya historia es también la del arte de sus creadores.

Es por ello que este repertorio es también un ejemplo de la madurez alcanzada por las generaciones de artistas, coleccionistas, críticos e investigadores que sucedieron a los fundadores de la nacionalidad.

Quien recorra los ámbitos de este entrañable hogar de nuestras artes plásticas, podrá ser testigo de la multiplicidad de los estilos, las escuelas, las improntas y las fantasías de artistas locales y de todo el mundo.

El visitante asiduo de nuestro museo descubrirá obras no exhibidas o facilitadas a otras instituciones, pero que integran y enriquecen el acervo artístico de la casa, siendo ésta una oportunidad para apreciar su importancia histórica y su valor estético.

La relevancia de este libro se subraya por el hecho que, por su naturaleza permite exhibir y exaltar un tesoro artístico invalorable, cuya presentación total se encuentra limitada por su gigantesca extensión. Muchas veces, quienes hemos dedicado gran parte de nuestras inquietudes culturales al Museo Nacional de Bellas Artes, hemos experimentado la decepcionante limitación espacial que oculta las valiosas expresiones que constituyen su prestigiosa reserva y que esta obra rescata.

Como corresponde a un relevamiento de esta magnitud, se han aplicado las técnicas más avanzadas para la selección, edición e impresión de las obras, lo que ha requerido el aporte de un equipo idóneo y esforzado, que ha compatibilizado adecuadamente la dureza de la labor con el placer de su contenido.

La Asociación que presido se complace en destacar la medulosa y ponderable labor cumplida por los profesionales y especialistas que colaboraron en la selección y edición de las obras. Es una tarea que además de posibilitar su organización, constituye una fuente de notable valor para futuros estudios e investigaciones sobre la riqueza artística de nuestro patrimonio cultural.

Algunos antecedentes parciales en esta materia, y que han sido concurrentes con los objetivos de este trabajo, son los diversos catálogos razonados publicados por la asociación desde 1994. En ese año se publicó el de Pintura Holandesa y Flamenca; seguido por el de Escultura Italiana, Maestros Flamencos y Holandeses, el de pintura Alemana e Inglesa y, finalmente, el de Pintura Española anterior al siglo XVIII.

La Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes ha contribuido activamente a la modernización, equipamiento y mantenimiento de sus instalaciones. Es por ello que estamos particularmente orgullosos de que esa tarea se vea reflejada en las páginas de este volumen, que muestra al Museo y sus obras como una entidad viva, fecunda y representativa de su función rectora en las artes plásticas del país.

Ello nos gratifica y estimula esa labor constante y silenciosa. Y es particularmente alentador, en circunstancias como éstas, que sea posible percibir los frutos de ese esfuerzo.

Desde el año 1938 nuestra entidad está presente en la actividad del Museo Nacional de Bellas Artes, y puedo afirmar que este lapso no es sino el primer tramo de una trayectoria que nos proponemos recorrer en el cumplimiento de nuestros objetivos. Esta convicción institucional es, también, un desafió personal que he afrontado desde hace más de cuatro décadas.

Esa presencia se ha sostenido durante todos estos años con aportes desinteresados de donantes y con el producto de sus iniciativas propias, tales como los talleres, seminarios y cursos que se organizan regularmente. Estos han alcanzado un notorio prestigio por la calidad de su nivel docente y la diversidad de las temáticas abordadas, lo que afianza la vinculación e interacción entre el Museo y la comunidad, uno de los fundamentos de su vigencia institucional.

Los amigos del museo celebramos efusivamente la publicación de esta trascendente obra. Felicitamos a quienes desde sus diversas responsabilidades y funciones promovieron y posibilitaron su concreción. Aun a riesgo de incurrir en ingratas omisiones, debo destacar la visión y el impulso con que Guillermo Alonso diseñó y ejecutó este proyecto.

Quiero formular una reflexión final que se relaciona con todo ese bello mundo de imágenes y talento que recoge este histórico emprendimiento. Todos quienes estamos indisolublemente comprometidos con el arte lo recibimos como una herencia dinámica, no solo para agotarla en la pasividad de su contemplación sino para estimular futuras creaciones con el espíritu crítico y rebelde, que es la esencia del arte. En palabras de esa pensadora contemporánea que es Elisabeth Roudinesco “… sólo la aceptación crítica de una herencia permite pensar por sí mismo e inventar un pensamiento para el futuro, un pensamiento para tiempos mejores …”.

 

Nelly Arrieta de Blaquier.
Presidente Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes

     
   

Brassaï

El Museo Nacional de Bellas Artes se complace en recibir las obras de Gyula Halász “Brassaï”, de la colección de la familia Ribeyrolles, sus descendientes, y exhibirlas en nuestras casa en el marco del XVI Encuentros Abiertos – Festival de la Luz 2010.

La muestra, curada por la Sra. Agnès de Gouvion Saint-Cyr, propone difundir el patrimonio artístico de Brassaï, para lo cual reúne 126 obras, organizadas en núcleos que describen lo más relevante de su programa fotográfico. París de noche, París secreto, Transmutaciones, Brassaï – Picasso, Surrealismo, Graffitis, y la película “Tant qu’il y aura des bêtes” que recibió en 1956 un premio especial en el Festival de Cannes.

Esta exposición de Brassaï, es sin duda una oportunidad única para el publico argentino de disfrutar de la obra de este reconocido artista, que forma parte importante de la fotografía mundial, y a quien Francia ha distinguido en 1974 con el título de Chevalier des Arts et des Lettres, con el diploma de la Légion d’Honneur, en 1976, y dos años después el Grand Prix National de la Photographie, en París.

El MNBA quiere agradecer muy especialmente a la Embajada de Francia en la Argentina, a la Fundación Luz Austral, a la Alianza Francesa de Buenos Aires, y a los organizadores del XVI Encuentros Abiertos – Festival de la Luz 2010 “Identidades en tránsito” por la invitación a integrar el circuito oficial de exposiciones, con esta muestra, cuando nuestro país conmemora el Bicentenario de la Revolución de Mayo.

Asimismo, nuestro reconocimiento a la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes, quien respalda nuestro trabajo, y a todo el personal del museo que tuvo a su cargo la producción de la muestra.

Dr. Guillermo Alonso
Director Ejecutivo del Museo Nacional de Bellas Artes

     
   

El Periódico Martín Fierro

La exposición El periódico Martín Fierro en las artes y en las letras (1924-1927) exhibe un conjunto de obras de Paul Gauguin, Pablo Picasso, André Lhote, Émile-Antoine Bourdelle, Carlo Carrà, Léonard Tsuguharu Foujita, Amadeo Modigliani, Marie Laurencin, Francisco Bores, Diego Rivera, Agustín Lazo, Rodríguez Lozano, Julio Castellanos, Emilio Pettoruti, Xul Solar, Norah Borges, José Fioravanti, Pablo Curatella Manes, Agustín Riganelli, Alfredo Bigatti, Pedro Figari, Alfredo Guttero, Valentín Thibon de Libian, Víctor Pisarro, Adolfo Travascio, Mariano Montesinos y Francisco Vecchioli, entre otros. El núcleo plástico de la muestra está acompañado por primeras ediciones de los libros de los escritores cercanos al periódico Martín Fierro, junto a publicaciones, revistas, fotos y documentos que ilustran la época.

La exposición cuenta, además, con una sección dedicada al cine, que tiene en cuenta aquellas películas que por su carácter vanguardista llamaron la atención de esta generación renovadora.

El principal cuerpo de obras proviene de la colección del Museo Nacional de Bellas Artes, ya que el propósito de esta muestra radica en realizar una lectura de su patrimonio relacionado con el periódico Martín Fierro. Participan también el Museo Provincial de Bellas Artes “Emilio Pettoruti”, la colección de arte de la Cancillería Argentina, la Colección Blaisten, de la ciudad de México, la de la Sociedad Central de Arquitectos de Buenos Aires y otras colecciones privadas.

Para esta exhibición, la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes editó este catálogo, que cuenta con un estudio curatorial de Sergio Alberto Baur, quien ha invitado como especialistas en la materia a María Sáenz Quesada (“Los años 1924-1927, una mirada histórica”), Diana B. Wechsler (“Frente a la solemnidad… Arte y crítica en Martín Fierro”); María Florencia Galesio y Paola Melgarejo (“Eduardo Schiaffino: un pionero moderno bajo la mirada de la vanguardia porteña”); María José Herrera (“El debate por los consensos”) y Juan Manuel Bonet (“Fichas españolas en torno a Martín Fierro”). Acompaña el catálogo una completa bibliografía específica y general sobre la referida publicación.

La propuesta de la exposición consiste en establecer un diálogo de las artes plásticas y las letras con el periódico Martín Fierro, que entre 1924 y 1927 acompañó el desarrollo cultural de la joven vanguardia porteña, enmarcada en el Grupo de Florida, y acercó las nuevas tendencias estéticas europeas y latinoamericanas a los lectores locales.

A principios de la década del 20, quienes serían los precursores de esa nueva sensibilidad estética, Emilio Pettoruti, Norah Borges, Alfredo Guttero y Curatella Manes, entre otros, tras su estadía en Europa encontraron rápidamente, a su regreso, un espacio en la publicación, alentados a través de la crítica de arte promovida especialmente por Alberto Prebisch, quien consideraba que la extraordinaria complejidad del arte contemporáneo se resiste a someterse a los rigores de cualquier estrecho dogma.
La muestra no pretende hacer una reconstrucción arqueológica del periódico Martín Fierro, sino una aproximación al ideario estético –plástico y literario– que se desprende de su estructura. Los distintos núcleos expositivos están acompañados de aquellos ejemplares de esa publicación que trazan el hilo conductor de la exposición.
Una introducción dedicada a la calle Florida, escenario urbano que dio nombre a este grupo intelectual, se ilustra con vistas de la época y con un fragmento de la película La chica de calle Florida, dirigida por José Agustín Ferreyra, de 1922, seguida de una sección en donde se exhiben publicaciones españolas y locales que sirvieron de fuente a Martín Fierro.

El núcleo internacional está presidido por la emblemática obra de Paul Gauguin Femme à la mer o Vahine no te miti, de 1892, que acompaña el artículo del crítico Antonio Mordini La mujer en la obra de Paul Gauguin, publicado en el n° 32 del periódico. El regreso del artista a Europa, después de su estancia en Oceanía, lo lleva a recordar a su vahine, su mujer, su Eva, de la que dice: La Eva que he pintado puede permanecer (solo ella) desnuda ante nuestros ojos.

Pablo Picasso y Marie Laurencin nos llegan a través de los artículos de Marcelle Auclair y Antoine Bourdelle, bajo el estudio de Waldemar George; Foujita y Modigliani, representados en las críticas de Maurice Raynal y también de Mordini, mientras Sandro Volta se ocupa de la obra de Carlo Carrà. De esta manera se conforma una mirada sobre las artes plásticas internacionales, admiradas por los martinfierristas desde el Río de la Plata.

El núcleo expositivo vinculado al arte argentino constituye una muestra altamente representativa del canon del periódico Martín Fierro; además de los artistas ya mencionados, Valentín Thibon de Libian, Agustín Riganelli, Alfredo Bigatti, Víctor Pisarro, Héctor Basaldúa, entre otros, merecieron especiales consideraciones por parte de la publicación.

El crítico P.V. Balke escribe en el n° 22, de septiembre de 1925, el artículo dedicado a “Tres artistas platenses, Adolfo Travascio, Mariano Montesinos y Francisco Vecchioli”. Con un título que lleva una de las tipografías más vanguardistas de la publicación, se ha podido reunir la obra de estos tres artistas, incluyendo El mate de Travascio, reproducida en la citada colaboración, gracias al Museo Provincial de Bellas Artes “Emilio Pettoruti”.

     
   

Exposiciones de arte argentino. 1956 - 2006

Introducción
            (…) En la actualidad nadie duda sobre la importancia de las exposiciones y la necesidad de reflexionar acerca de ellas. Pero esta certeza es una vivencia cotidiana para aquellos que trabajan en los museos. La alta complejidad en la producción y gestión de las exposiciones las convierte en un formato realmente sofisticado para la difusión, en nuestro caso, del arte. Desde la investigación hasta la comunicación en la que participan curadores, diseñadores, educadores, la exposición es una puesta en escena de distintos saberes e implica una verdadera construcción de sentidos. Estas lecturas contemporáneas son las que determinan el modo de exhibir. Así, la exposición es el resultado de una interpretación, y el responsable de dicha interpretación es el curador. Práctica de mediación, la curaduría puede provenir de diversas perspectivas. Cuando se trata de exposiciones de arte son en general la historia del arte y la estética las aproximaciones corrientes. La figura del curador, quien concibe la idea, investiga, coordina y pone en escena las exposiciones, emerge a mediados del siglo XX con un predominio antes poco frecuente. En la concepción tradicional era el experto a cargo del cuidado físico e interpretación de una colección. En la actualidad su papel –en ocasiones polémico- resulta protagónico en exhibiciones que se proponen como ensayos de autor. Mediador, autor, escritor, re-escritor o intérprete, el curador es el encargado de los aspectos conceptuales de una exhibición y de su forma de comunicación, de la construcción discursiva que esta plantea.

            Las exposiciones de arte se remontan a otros modelos de interacción social como las ferias itinerantes, las exposiciones industriales o los parques de entretenimiento y constituyen eventos culturales de innegable influencia en la contemporaneidad. ¿Qué racionalidad está en la base de las exposiciones? ¿Qué tipo de conocimiento transmiten los museos a través de sus distintos modelos de exhibición? Estas preguntas parecieran tener una vía de respuesta si se analizan las políticas de exhibición de las instituciones y el accionar de quienes las llevan a cabo.

            Esta publicación es el resultado de un proceso que comencé en el año 2000 con el rescate de los Archivos de exposiciones del MNBA (Archivos curatoriales) para su estudio en el Departamento de investigación. En este sentido, la estadía en la Universidad de Texas en 1996 y, posteriormente una beca de la Fundación Antorchas-Lampedia en la National Gallery de Washington, me hicieron ver la importancia de lo que en el ámbito anglosajón se llama Museum Studies: un rama de estudios acerca de los museos no solamente desde una perspectiva empírico-técnica, museológica, sino también un tipo de reflexión histórica y sociológica acerca del impacto de los museos y las exposiciones en la representación del arte y la cultura en general. Publicaciones como Thinking about exhibitions (London/New York: Routledge, 1996), Contemporary Cultures of Display (London: Yale & The open University, 1999), Exhibiting Cultures, The Poetics and Politics of Museum Display (Washington DC and London: Smithsonian Institution Press, 1991) en el Reino Unido y en los Estados Unidos, fueron ejemplo de la importancia otorgada al tipo de conocimiento que pone en acto una exposición, en países cuya museología es paradigmática.

            Así, en el 2002 presenté en la Fundación Antorchas un proyecto para formar un grupo de Departamento de Investigación del MNBA, a mi cargo. La iniciativa fue muy bien recibida desde el comienzo por Américo Castilla, gerente de la fundación y responsable de la generación de programas referidos a museos que Antorchas encauzaba desde 1993. El grupo se formó por medio de un subsidio que favoreció a cuatro investigadores, cada uno especializado en una década (Fabiana Serviddio, Mariana Marchesi, Viviana Usubiaga y Cecilia Rabossi) bajo la coordinación de la Doctora Andrea Giunta y mía. Por parte del MNBA se incorporó María Florencia Galesio. El trabajo del grupo consistió en relevar e investigar las exposiciones de cada década en las principales instituciones públicas de Buenos Aires entre 1955 y 2006. Esta pesquisa llevó a la construcción de una base de datos por institución y a la profundización en el estudio de una exposición determinada, con miras a presentar el trabajo en unas jornadas ad hoc. De este modo se presentaron, en mayo de 2006, en el marco de la Conmemoración del Día Internacional de los Museos, las Primeras Jornadas sobre exposiciones de Arte Argentino 1960-2006, organizadas por el MNBA y la Dirección Nacional de Patrimonio y Museos.

            Partiendo de que las exposiciones son un instrumento privilegiado para la administración de los significados del arte, las Primeras Jornadas se propusieron reflexionar sobre las tendencias curatoriales y las políticas culturales que éstas implican, a través del estudio de distintos tipos de exhibiciones, tanto de instituciones públicas como privadas. A partir del análisis de estas prácticas se verificó la circulación de los distintos recursos teóricos, su relación con los propiamente artísticos y el modo en que ambos han sido comunicados. El encuentro procuró estimular el pensamiento en el cruce interdisciplinario entre investigadores y curadores, y sus modos de relación con la obra artística. Reunió investigadores de Buenos Aires, La Plata, Rosario y Córdoba.

            El presente volumen reúne las investigaciones del grupo de estudios, principalmente dirigidas al MNBA y sus políticas curatoriales, junto a la de diversos ponentes en las Primeras Jornadas. Por esta circunstancia el corpus de exposiciones analizadas no es exhaustivo, sino sujeto a los intereses de cada ponente en relación a la propuesta general. No obstante, el conjunto organizado por temáticas da un panorama de algunas exposiciones permanentes o temporarias emblemáticas para abordar los debates de cada década.

            El primer apartado Instituciones y políticas curatoriales está dedicado a analizar las políticas curatoriales del MNBA entre 1955 y fines de los ochenta. Los ensayos aquí incluidos permiten verificar cómo las exposiciones pusieron en acto los debates que sacudían al campo artístico de entonces. Tópicos tales como el cosmopolitismo, la modernización y la representación del arte argentino, se evidenciaron desde las paredes legitimadoras del Museo Nacional.

            Las exposiciones como institución del campo artístico, el segundo apartado, pone el énfasis en las exposiciones como el formato para la interpretación de los sentidos del arte. Analiza el rol de las exposiciones en la configuración de tendencias y sus efectos sobre la recepción.

            El tercer apartado Las estrategias curatoriales: del guión científico a la instalación museográfica, aborda la problemática específica de la construcción del guión curatorial y su concreción en el espacio altamente codificado de las salas de los museos. La voz del curador registra la experiencia de cuatro curadores y las preguntas que se hicieron al momento de definir la comunicación de sus respectivas exposiciones.

            Por último, un Apéndice sobre políticas culturales testimonia el presente con dos reflexiones complementarias que se centran en los museos y su patrimonio. Notas para: “Una política cultural para los museos en la Argentina”, de Américo Castilla, Director Nacional de Museos y Patrimonio desde mediados del 2003 hasta fines del 2006, resume las conclusiones que la práctica le permitiera formular. El documento que comenta la ponencia (Una política cultural para los museos en la Argentina) no es solo una reflexión sobre las condiciones ideales para la existencia de una política moderna para los museos, sino el programa que, en parte, desarrolló en su gestión. Documento y gestión estrechamente ligadas a las ideas que dieron origen al grupo de estudios y a las Primeras Jornadas.

Por su parte Andrea Giunta en Crisis y Patrimonio analiza la paradójica situación de expansión institucional en plena crisis del 2001. Sus reflexiones acerca de las instancias de la creación del MALBA, el MNBA-Neuquén, el Museo Castagnino-Macro y la renovación curatorial del MNBA, son un testimonio de las estrategias que se pusieron en marcha para la recuperación de la cultura y su innegable aporte a la creación de identidad.

            Por último, tanto las Jornadas como esta publicación que surge de ella, se propusieron suscitar una discusión relacionada con la mediación entre la investigación pura y los códigos de representación de la museología que el curador practica. Los trabajos aquí presentes intentan poner en evidencia las diversas estrategias históricas, críticas y simbólicas involucradas en la construcción de la representación del arte argentino en las últimas décadas, a partir del estudio de los diversos tipos de exposiciones producidas. (…)

Lic. María José Herrera

     
   

Argentina Patrimonio Cultural y Natural

Álbum del Bicentenario

Prólogo

Este libro sintetiza un camino de 100.000 kilómetros hecho de 26 viajes que se desarrollan durante algo más de dos años. El proyecto, de largo aliento, apuntó a dejar un testimonio que rescatara y retratara las piezas sobrevivientes de los sucesivos estratos patrimoniales. Analizarlos es una forma de contar la historia del país desde una nueva perspectiva. Nuestra máxima aspiración es que el lector de Argentina, patrimonio cultural y natural. Álbum del Bicentenario se transforme en un viajero que recorra sus textos e imágenes con entusiasmo.

La enorme cantidad de patrimonio por retratar amenazaba cualquier intento de lograr una síntesis pasible de ser volcada en un solo volumen. Sin embargo, algunas directrices vinieron a rescatarnos una y otra vez para relanzar la tarea. Por un lado, estábamos a la búsqueda de casos  donde, al menos en algún aspecto,  primara la singularidad. Esta característica podía deberse a la presencia de uno o más rasgos que hicieran única y distinta a una obra, a un estado de conservación que no fuera infiel a la conformación inicial de la pieza o al hecho de que se tratara del único ejemplo sobreviviente de un sistema patrimonial ya extinguido. Por otra parte, también queríamos mostrar buenos ejemplares de tipos edilicios que tuvieron gran difusión en ámbitos urbanos y rurales durante diversas épocas. Sea en lo que fuere, esa cualidad de ser creación única y distinta debía estar presente para poder integrar una obra a la secuencia.

La otra decisión importante consistió en desechar el mapa como punto de partida, descartando una calificación del patrimonio según zonas geográficas o culturales. Esa modalidad ha sido el estándar de los intentos editoriales que nos precedieron. Nuestra apuesta es, en cambio,, el armado de un collar patrimonial que enlaza gemas territorialmente dispersas, muchas veces separadas por grandes distancias. No está de más recordarlo: el patrimonio cultural inmueble no está ahí desde siempre, no brotó de una roca ni cayó del cielo. Se fue construyendo con el sostén de una complejísima y empecinada empresa humana colectiva que requirió de mucho trabajo y que en su materialización condensa deseos personales y comunitarios de varias generaciones. Así, se ha logrado un conjunto muy singular de gran variedad y riqueza, fruto de permanentes mixturas y en constante dialéctica con el paisaje. Desde los restos de asentamientos precolombinos hasta los desarrollos de fines del siglo XX, el patrimonio construido de la Argentina presenta innumerables bienes culturales de diversa escala que merecen ser reapreciados. Sitios arqueológicos de distintas culturas, monumentos arquitectónicos de variados estilos, cascos urbanos de diferentes portes, tejidos edilicios singulares, arquitectura vernácula realizada con todo tipo de materiales, paisajes culturales derivados de establecimientos industriales de múltiple origen, obras de equipamiento e infraestructura de diversa índole. Hay de todo por todas partes. En cuanto al patrimonio natural, el territorio argentino posee una de las mayores biodiversidades del mundo y una de las historias geológicas más complejas y ricas del planeta. Del trópico al polo, y del Atlántico a los Andes, los ecosistemas y paisajes son un repertorio poco frecuente dentro de un mismo país. Selvas, bosques, pantanos y estepas; praderas, sierras, montañas, y mesetas; arroyos, ríos, lagunas y lagos;  golfos, bahías, islas y estrechos; salinas, esteros, cascadas y glaciares, ningún accidente geográfico o tipo climático está ausente. Asimismo, casi todas las eras geológicas afloran o han dejado su huella en el paisaje. Nuestra búsqueda, en este espectro, fue reflejar aquella naturaleza que tuviera el mínimo grado de intervención humana, capturando así imágenes singulares también por su gran impacto visual.

Definido por la negativa, Argentina, patrimonio cultural y natural. Álbum del Bicentenario, no es un manifiesto proteccionista, aunque el solo hecho de mostrar juntos tantos tesoros suma por añadidura a esa empresa. Tampoco es un catálogo, porque siempre cabe la ilusión de que haya un caso más por descubrir. Ni es un libro que apueste a la nostalgia por todo el patrimonio que ya, lamentablemente, se ha perdido. Este libro pretende al menos llamar la atención sobre la importancia de preservar el capital único que por muchos motivos está en peligro. Buena parte de lo que mostramos en estas páginas no ha sido reconocido definitivamente como acervo cultural con valor insustituible, y mucho menos ha sido correcta y prolijamente protegido. De ahí que surja la inquietante pregunta de la cual nadie parece tener respuesta: ¿Cuántos de los ejemplos aquí retratados quedarán en pie dentro de diez años? En el caso del patrimonio natural, la protección a través de numerosos parques nacionales y distinto tipo de reservas es una buena señal. Sin embargo, hay muchos ecosistemas y biodiversidades en peligro que valdría la pena tutelar.

En cambio, por la afirmativa, se puede decir que nuestro proyecto apunta sobre todo a dejar constancia de un estado de situación, enhebrando colecciones patrimoniales según los distintos rubros y siguiendo un orden cronológico de exposición. El formato es similar al de los libros que se hicieron para la celebración del Centenario: álbumes que describían y mostraban la naturaleza y las obras producidas por el hombre solo el territorio nacional. Para el ciudadano común argentino, ni que decir para el extranjero, no es fácil aprehender este amplio conjunto de piezas y estratos que conforman la materialidad física del país que habitamos. Lo han espiado en la educación básica y solo unos pocos han tenido la oportunidad de viajar por la totalidad del territorio. Pero ver así, todo junto, semejante arco de diversidad tiene, creemos, una potencia inédita. El impacto es especialmente fuerte en el caso del patrimonio cultural, mucho menos conocido o valorizado que el patrimonio natural de la Argentina.

Ojalá la corrección de este libro, que pretende mostrar una gran panorámica de lo que forjaron tanto la naturaleza como el hombre a lo largo de los tiempos, sirva como recordatorio de la variedad y la complejidad, pero también de la fragilidad, del patrimonio cultural y natural de la Argentina. A solo unos pasos del Bicentenario, ese es nuestro mayor deseo.

     
   

Las armas de la pintura.

Prólogo

La exposición Las armas de la pintura: La Nación en construcción (1852 – 1870) tiene como objetivo proponer un recorrido estético por diferentes modos de representación del tema histórico, confrontar estilos, géneros y técnicas que le dan soporte a la imagen de narración histórica y ser escenario de los acontecimientos preparatorios a las celebraciones del 25 de mayo de 2010.

Para realizar este proyecto, hemos convocado a un destacado investigador, ensayista y curador de arte argentino, quien ha aportado el tema y el guion científico que da lugar a la exposición del catálogo.

Hemos contado también con el apoyo de instituciones que poseen en sus acervos con obras de inestimable valor, y con la colaboración de coleccionistas de arte argentino, que han permitido una selectiva reunión de obras que con factura de una etapa temprana o en pleno desarrollo de normas académicas, hacen factible el diálogo entre diferentes modos de representación pictórica del tema histórico, el historicista y el literario.

La exhibición y el libro que estamos presentando permitirán al público del MNBA encontrarse con los principales protagonistas de la actividad pictórica en la Argentina del siglo XIX y un caso singular del siglo XX, que aporta un nuevo relato sobre el pasado, brindando de esta manera un panorama acabado de lo que se intenta demostrar: que la pintura fue una de las armas utilizadas en el debate sobre la identidad política de la Nación Argentina.

La confluencia en Buenos Aires de artistas de diversas escuelas europeas y locales redundó en un período dorado de la pintura argentina entre los años 1850 y 1870, en el cual se trató de impulsar la normativa académica.

La pintura de historia, género académico mayor, era útil para fijar en la memoria los episodios y los héroes patrios cuando aún no estaban afirmados por la escolaridad, por ello este género cobró fuerza en la etapa de organización nacional bajo la hegemonía de Buenos Aires.

“Cuando los argentinos nuevamente debatían, a comienzos de los años sesenta, qué modelo de nación deseaban, la Serie Federal (de Luis Felipe Noé) permitió reflexionar sobre la fuerza de la pintura para desarmar los relatos establecidos”.

“Argentina, próxima a celebrar su bicentenario, tiene hoy un patrimonio cultural valioso en colecciones de arte, obras de artistas nacionales y extranjeros de envergadura, que dejaron en imágenes, registros de personalidades y eventos que tejen nuestra historia, para mostrarlas y recibir a quienes nos visitan”

Con este antecedente en la historia institucional del museo, el programa Miradas hacia el Bicentenario abre el sueño de participar en los acontecimientos con los que se debata y celebre el Bicentenario.

Nuestro agradecimiento a Roberto Amigo, al Museo Histórico Nacional, Palacio San José – Museo y Monumento Histórico Nacional “Justo José de Urquiza”, Museo Mitre, Complejo Museográfico Provincial “Enrique Udaondo”; a la Asociación Italiana de Mutualidad e Instrucción “Unione e Benevolenza”; al Congreso de la República de Perú y al Museo de Arte de Lima; a los coleccionistas Lucio Fernando Aquilanti, Eduardo Grüneisen, Marion Eppinger, Jorge Helft, Ignacio Liprandi, Zelmira Peralta Ramos, y Horacio Porcel y Sra; a la Asociación Amigos del MNBA, que con su respaldo permanente acudió entusiasta permitiendo encarar el proyecto; a los auspiciantes que creen en la importancia de apoyar el arte y la cultura argentinos, y finalmente a todo el personal del MNBA, el cual trabajó con denuedo en las distintas fases que conlleva producir una exposición de relevancia como la que estamos presentando.

Dr. Guillermo Alonso
Director Ejecutivo del Museo Nacional de Bellas Artes

     
   

Mirar, saber, dominar.

¿Qué tienen en común un óleo pintado en Salta a fines de la Colonia, las litografías de León Pallière de la década de 1860, y las acuarelas de Adolf Methfessel realizadas poco después? Este libro documenta la exposición sobre imágenes de viajeros en la Argentina realizada en el MNBA, con la curaduría de Marta Penhos.

Se trata de un registro valioso, que busca provocar en el lector emociones y reflexiones sobre los modos en que aquéllos exploraron y estudiaron nuestra geografía, qué intereses los movían, con qué saberes contaban y cuáles fueron los poderes que estuvieron involucrados en este proceso que duró más de un siglo, desde fines del siglo XVIII, hasta comienzos del siglo XX.

Mirar, saber, dominar, imágenes de viajeros nos ayuda a entender el programa que animó a expedicionarios, viajeros y exploradores que atravesaron el territorio argentino, movidos por intereses de carácter religioso, político o científico.

     
   

Primeros modernos Buenos Aires

Con la realización de esta exposición se cumple una aspiración mayor de este Museo: reconocer su misión, que pone en primer término la valoración de su patrimonio y de su historia, y promover una nueva forma de vinculación con su público. Para establecer valores se requiere contar con expertos académicos en la materia; para procesar esa información como vehículo jerarquizado de comunicación es necesario contar con curadores, diseñadores, expertos en el manejo de colecciones, restauradores, educadores y otro esencial personal técnico en sintonía con el proyecto. Por último, todo esto es inconducente sin la clara apreciación de un público que asuma una parte tan importante como las anteriores al recibir y dar finalmente sentido a la experiencia.

Estos requisitos profesionales, que no siempre se cumplen en los museos, permiten contar una historia de un modo relevante. Los historiadores son indispensables para alimentar los planes expositivos del museo. Los ensayos que siguen fueron producidos por algunas de las investigadoras más destacadas del medio, quienes han aportado el guión científico que da lugar a la exposición. A diferencia de un gabinete de investigación o de una publicación científica, la exhibición es una oportunidad claramente distinta y única para hacer llegar esos contenidos a un público masivo. Esto es así por la centralidad del material a exhibir, a modo de testimonio emotivo de experiencia humana; por la conciencia de que trabajamos para un gran número de personas, a quienes prefiero llamar invitados, de distintas edades y niveles de apreciación; y por los múltiples, y a menudo imprevistos, significados que las obras a exhibir son capaces de generar en el contexto social del museo. Así como una muy buena historia puede fracasar al ser expuesta a partir de una mala gestión de la colección, cuando las virtudes técnicas del museo están bien dispuestas, esa misma historia puede estimular la imaginación, provocar la discusión y conmover la memoria del espectador más allá de los niveles habituales de su conciencia.

La recepción del arte supone un proceso de apropiación y, por lo tanto, un esfuerzo, un aprendizaje y una competencia que permita establecer un diálogo eficaz. La museografía y la comunicación que elegimos para poner de manifiesto los orígenes del primer arte argentino busca brindar el contexto y promover esa reacción participativa del público más diverso. La estética de la recepción de la obra de arte tiene una larga historia. Descartados los análisis puramente formales de las obras como únicos criterios de apreciación o las teorías de la inmanencia que hacían del visitante de los museos un mero contemplador de la obra conclusa, la moderna apertura hacia el receptor activo permite expandir su horizonte de aproximación a la experiencia estética.

Ésta es una excelente oportunidad de comparar, a modo de ejemplo, la recepción que a fines del siglo XIX se hizo de El despertar de la criada, de Eduardo Sívori, en un contexto radicalmente distinto, con la apreciación que puede suscitar más de un siglo después en el centenario Museo Nacional. La obra no detuvo su discurso y su contenido no estuvo determinado de una vez y para siempre.

El despertar… no es el mismo, aunque la imagen no tenga alteraciones. La producción de un film que trata en parte ese tema, y que se exhibe simultáneamente en la sala, permite poner de manifiesto cómo el visitante actual, que habrá de conocer la historia del cuadro y su contexto, le vuelve a dar una vida distinta a partir de su propia experiencia. Al decir de R. Sánchez de Ortiz: “La fuerza del arte está en su carencia de situación definida, que obliga a definirse al observador. El efecto que produce no se consigue cuando el receptor encuentra su significado, sino cuando al tener que buscar significados que colmen su indeterminación, el receptor experimenta su propia vida”. 

A ciento diez años de la inauguración del Museo Nacional de Bellas Artes, esta exposición rinde homenaje a sus pioneros: los artistas y coleccionistas que tuvieron la enorme determinación de crear las instituciones artísticas de la Nación y estimularon el trabajo de los incipientes creadores. Artistas como Schiaffino, Ballerini, Giudice,
De la Cárcova, Sívori y su grupo de colegas, pero también los coleccionistas precursores, que con generosidad y visión republicana donaron sus colecciones para crear y enriquecer este gran museo público.

Américo Castilla
Presidente Comité Asesor del MNBA

     
   

Nueva Guía del MNBA

No es exagerado decir que las aproximadamente 12.000 obras de arte que custodia este Museo constituyen el núcleo central de la memoria artística de la Argentina. Desde algunos ejemplos de alta calidad del arte antiguo europeo –y otro tanto puede decirse de la exquisita colección de arte prehispano– hasta algunas de las obras más notables del siglo XX, se exhibe un panorama comprensivo de la cultura visual de Occidente.

Pocas instituciones culturales de la Argentina han tenido continuidad a pesar de los obstáculos políticos y los desencuentros sociales acaecidos a lo largo del tiempo. Transcurrido más de un siglo desde su fundación, el Museo Nacional de Bellas Artes puede enorgullecerse de su historia, construida por una suma de voluntades individuales y colectivas, que lo sitúan como la institución rectora en su especialidad. Los pintores que idearon el Museo junto a los intelectuales y los coleccionistas de fines del siglo XIX, sabían que hasta tanto no se creara una entidad respetada en el mundo por sus colecciones y criterios de exhibición, no se lograría legitimar el arte nacional. Eran necesarios modelos europeos que representaran los cánones estéticos predominantes, escuelas que elevaran el nivel de la producción local, confrontaciones que permitieran acercar uno y otro arte, becas de estudio, exposiciones...Y finalmente, la inauguración de la institución que consolidara ese proyecto, tan ligado a la idea de una nueva Nación.

En el primer piso del Museo se puede ver claramente ese proyecto cultural en acción. Desde el arte de los viajeros que llegaron al Río de la Plata en un intento por registrar lo inconmensurable, las tipologías humanas, las vestimentas y el exotismo, hasta los inicios del arte nacional representado especialmente por el retrato. Este último género trataba de hacer persistir la imagen de los retratados en el tiempo, muchas veces rodeados de sus atributos personales de poderío. La utopía del presente perpetuo, sin embargo, tiende a fracasar en su enunciado. El paso del tiempo no es neutro y la función propia de un museo no es la de prolongar la vigencia de un discurso único, sino la de agregar a él otras lecturas que permitan atribuir a esas obras nuevos significados. Esta función quizá sea la que más distingue a un museo de otras salas de exposición: el intento por promover un diálogo de revelación y confrontación de identidades con el visitante.

Las obras de los primeros artistas argentinos modernos de fines del XIX, fundadores del Museo, dan comienzo a la sucesión de las vanguardias que se acelerarían a lo largo del siglo XX. En sucesivas salas se exhiben representaciones muy significativas de todos esos movimientos junto con obras de autores que permanecieron al margen de esas disputas para elaborar sus propios y personales caminos artísticos. Los primeros impresionistas, los artistas premiados en los salones nacionales, los que se oponían a las premiaciones de esos salones, los pintores influenciados por los coloristas españoles e italianos, las rupturas estéticas de entreguerra, el apogeo y la experimentación de los sesentas, los formalismos y las corrientes posteriores, trazan un recorrido de muy atractiva comprensión para un público ávido que concurre masivamente al Museo. 

El arte europeo que colecciona el Museo es ciertamente excepcional. De su conjunto ha opinado un experto teórico de ese continente, afirmando que no es una colección desmesurada pero tampoco periférica. Contiene piezas de primera importancia tanto de Goya como de Manet o Van Gogh. De Tiépolo como de El Greco o Picasso, por nombrar solamente algunos autores. Las obras de artistas clave del arte contemporáneo y la importante colección sobre papel: fotografías, dibujos y obra gráfica, completan este acervo único en Iberoamérica.

Un museo del siglo XXI no puede darse por satisfecho con poseer una colección de gran importancia. Ese es sólo el punto de partida para llevar a cabo la tarea de comunicarse con su público, que procuramos sea amplio y de origen diverso. Para ello es necesario mantener las piezas en muy buen estado de conservación, bien catalogadas, registradas y fotografiadas, y en condiciones de ser administradas ágilmente para organizar exposiciones itinerantes, préstamos, muestras temporarias y reemplazos en las salas permanentes. También se requiere un cuerpo de investigadores que aporten sentidos a cada una de las obras y a sus diversos conjuntos; la disponibilidad de expertos capaces de diseñar y montar exposiciones que faciliten la apreciación de un público acostumbrado a sistemas complejos de comunicación; un programa de educación y extensión que tome en cuenta que el visitante requiere establecer un diálogo y no es un sujeto pasivo; personal de vigilancia y de orientación al público apoyado por técnicos administrativos que ordenen cuidadosamente la visita de aproximadamente el millón de personas que concurren anualmente. Todas estas funciones se cumplen hoy en el Museo Nacional de Bellas Artes por personal capacitado y dispuesto a esforzarse por continuar situándolo como el más importante del país.

Invitamos a nuestros visitantes a hacer del Museo un espacio de convivencia, de diálogo, de discusión de ideas y de construcción democrática. Es esta la misión ineludible de un museo contemporáneo: brindar un servicio complejo, como queda dicho, pero accesible a toda la población.

Américo Castilla

Presidente Comisión Asesora del Museo Nacional de Bellas Artes


     
   

Malharro

El libro-catálogo sobre la vida y la obra de uno de los grandes artistas que inauguraron el siglo XX en nuestro país, se publicó en ocasión de la retrospectiva realizada en el MNBA, que también contó con el apoyo de nuestra institución.

Esta nueva publicación de la Asociación Amigos del MNBA dedicada al artista Martín Malharro, maestro de la luz y del color –quien fue también un notable dibujante y grabador- tiene un estudio crítico de Ana Canakis, responsable de la investigación y selección de las obras, y un prólogo del arquitecto Alberto Bellucci. A lo largo de 256 páginas, el libro presenta también 119 obras -óleos, acuarelas, ilustraciones para libros y revistas-una selección de artículos del artista, una cronología de su vida y una selección bibliográfica. Se trata de un estudio exhaustivo y  un acto de gratitud para la obra de quien, como señala Alberto Bellucci, "por diversas circunstancias propias del devenir histórico y del decolaje de las vanguardias estéticas subsiguientes, no mereció la investigación y el reconocimiento que le corresponden".

Por eso mismo, el trabajo de relevamiento y el valioso estudio crítico de Ana Canakis, que se concretan en la edición de este libro-catálogo, en simutáneo con la exposición retrospectiva del artista realizada por el MNBA -también realizada con el generoso aporte de la Asociación Amigos-  son una contribución más a la política de reconocimiento y revaloración del arte argentino que ha encarado el MNBA.

Fotografías de obras: Mauro Roll

ANA CANAKIS

Licenciada en Historia de las Artes (UBA) se desempeñó como investigadora y docente de la facultad de Filosofía y letras (UBA) y como jefe del Departamento de Investigación del Museo nacional de Bellas Artes. Actualmente es curadora indepediente.

 

     
   

Colección fotográfica del Museo Nacional de Bellas Artes

Dentro de un proyecto editorial de  largo alcance encarado por la Asociación Amigos del MNBA para contribuir al  conocimiento y la valoración del patrimonio del principal museo de arte de América del Sur, en 2005 se pubicó  Colección fotográfica del Museo Nacional de Bellas Artes, de Sara Facio.

El libro reúne una selección de trabajos  donados por sus propios autores, quienes eligieron lo más representativo  de su producción. Se  trata de 100 fotógrafos cuyas obras, a lo largo del siglo XX, han encontrado un lugar destacado dentro del panorama de las artes visuales.

Colección fotográfica del Museo Nacional de Bellas Artes -con textos  en español y en inglés  y 117 fotografías en blanco y negro y color- aborda cuatro ejes temáticos:   Memoria y sociedad , El paisaje , El desnudo ,  y   Evasión y realidad , en coincidencia con la selección realizada por la  curadora Sara Facio para las exposiciones temporarias de la colección  fotográfica del Museo, que se ofrecieron a lo largo de 2004 y 2005. Con esta publicación, el lector recibe una mirada abarcativa de lo que  se ha dado en llamar fotografía de autor y que, como tal, merece conservarse  en un museo. Obras no debidas a virtuosismos mecánicos o electrónicos, sino a  la sensibilidad del ser humano que creó la imagen.

La Colección reunida en este libro se originó en donaciones de  los mismos fotógrafos que la integran o de gente de la cultura que conoce el  arte y la historia de la fotografía.  Nació en 1995, a partir de una  iniciativa de Sara Facio de dotar al patrimonio nacional de una colección  fotográfica de caracter nacional e internacional y se basó hasta el presente,  exclusivamente, en el aporte privado.

"Debemos resaltar el compromiso y la solidaridad de los  fotógrafos, quienes ofrecieron sus obras en adhesión al proyecto en forma  gratuita", destaca Sara Facio, autora de la selección de las fotografías  y de los textos de esta obra que Editorial La Azotea publica gracias al  aporte de la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes.

"No obstante, abrigamos la esperanza de que en algún momento el  Estado pueda adquirir obras fotográficas, argentinas y extranjeras, que  compensen y equilibren el desprendimiento desinteresado de los artistas", se  entusiasma.

Henri Cartier Bresson, Luis González Palma, Graciela Iturbide,  Sebastiao Salgado, Werner Bischoff, Marcos López,  Alicia D'Amico,  Facundo de Zuviría, Marianne Yanpolsky,  Cássio Vaconcellos, Robert Mepplethorpe,  Grete Stern, Raquel Bigio, Marcos Zimmermann, Alfred Stieglitz,  Annemarie Heinrich, María Cristina Orive, Julie Weisz, Julie Méndez Ezcurra,  Alejandro Wolf, Juan Travnik, Alejandro Kuropatwa, Adriana Lestido, Diego  Ortiz Mujica, Paula Luttringer, Oscar Pintor, Dino Bruzzone, Julie  Bergadá, Liliana Parra, Pepe Fernández, Joan Fontcuberta o Bernard  Faucon, son algunos de los nombres cuyos trabajos conducen al lector, a  través de su mirada privilegiada,  hasta ese instante mágico en  que el arte y la fotografía se funden en un abrazo.


SARA FACIO

Argentina, 1932. Fotógrafa, curadora, editora. Ha realizado exposiciones individuales en el Museo Nacional de Bellas Artes, en el Museo de Arte Moderno de San Pablo, Brasil; en el Centro George Pompidou de Paris, en The Photographers Gallery de Londres, entre otras. Ha curado exposiciones en Francia, Guatemala, México y la Argentina. Entre 1985 y 1997 fue creadora y curadora de la Fotogalería del Teatro Municipal General San Martín, de Buenos Aires. Desde 1995 es curadora en el Museo Nacional de  Bellas Artes. Creó y dirige, junto con María Cristina Orive, La Azotea,  Editorial Fotográfica, que publica libros, posters y tarjetas postales de o sobre fotografía. Es autora de numerosos libros, entre otros: Buenos Aires Buenos Aires; Humanario ; Foto de Escritor; Retratos 1960/1990; Pablo Neruda, su vida en 150 fotos; Con Borges y Jorge Luis Borges en Buenos Aires, de reciente aparición


     
   

Retrospectiva Deira

La retrospectiva de Ernesto Deira que hoy presentamos en el Museo Nacional de Bellas Artes cumple con una obligación tardíamente satisfecha: recuperar para el público, a veinte años de su muerte, una visión integral de su obra. Por cierto, esos veinte años permitieron que la vasta producción del artista pueda ser vista por otras generaciones, no sólo de público sino también de investigadores. Los ensayos que acompañan este catálogo demuestran el enorme progreso que hubo en el campo de la investigación universitaria. Las jóvenes historiadoras que hoy desarrollan sus lúcidas hipótesis acerca del artista no lo conocieron sino por sus obras y nos proponen una lectura de esas imágenes con creatividad, buen uso del lenguaje y rigor científico. Algo que Ernesto Deira hubiera agradecido tanto como hoy lo hacemos nosotros.

El abordaje que el Museo Nacional de Bellas Artes plantea implica estudiar hoy no sólo su obra y su contexto sino también su pensamiento, y es coherente con la exigencia que Ernesto Deira consideraba indispensable para todo trabajo relativo al arte. Él fue uno de los interlocutores más agudos del ambiente cultural de Buenos Aires. “…Nunca se convenció de que la manzana de Newton obligase a todas las manzanas…”, nos dice de él quien lo conocía muy bien, su hermano Carlos, al escribir el prólogo a su participación en la III Bienal Americana de Arte (Bienal Kaiser), de 1966.

Y prosigue refiriéndose a Ernesto: “…mezcla palabras tales como imposibilidad de síntesis, dinámica, escala, proceso, reiteración de imágenes, sistemas cerrados, comunicación global. Él dice que todo eso tiene que ver con su pintura, pero no aclara si como entorno, contenido, continente, motor o consecuencia. Cuando le pregunté me contestó que no establecía distingos […] Sé que él sonríe ante el desconcierto. A veces me parece que conspira…”. Por cierto a Ernesto le interesaba menos lo que sucedía que las razones por las cuales las cosas sucedían. El cambio drástico que produjo la tecnología de la información en las últimas décadas de su vida sin duda redujo las distancias de acceso al conocimiento pero no facilitó su comprensión, y hacia esa comprensión última estaban orientados su trabajo y sus punzantes conversaciones cotidianas. Fuimos sus amigos los que participábamos de esos diálogos que no siempre terminaban bien, llevados puntualmente a sus extremos. Y somos sus amigos también quienes tomamos la iniciativa, hace ya más de dos años, de realizar esta exposición retrospectiva para que su obra pueda valorarse plenamente.

La testarudez de su figura y la claridad retobada de su mirada parecían contradecir la delicadeza de su mano, pero después esos dedos dibujaban verdades temibles. En las telas y los papeles aparecía el cuerpo, un tensor de espacios y, sobre todo, una construcción cultural. Ni armonía ni equilibrio, sino una construcción de relaciones entre el sujeto y su principio generativo. Sabía que el aporte mayor de Occidente a la cultura no fue la noción del espíritu, ya presente en todas las civilizaciones primitivas, sino la del cuerpo como instrumento de redención, eucaristía y sacrificio –Dios nace y muere en la carne para salvar al alma de la carne–. La santificación de un yo propio de Occidente, cristiano o descristianizado. De ahí sus referencias explícitas a la idea de la divinidad y a su versión contemporánea: la belleza y la fealdad en un grado simultáneo de correspondencia.

Nunca evitó confrontar. La construcción social y mítica a que hace referencia en su pintura se prolongaba en su postura frente a los hechos políticos. Fue apresado en la época de Onganía y retenido en el Departamento Central de Policía hasta tanto accediera a que le fuera cortado el pelo. Su especialidad como abogado era el derecho civil, y mi primer juicio penal, también como abogado, fue en su defensa. Logramos procesar al comisario que había ordenado su corte de pelo, mediante un juicio que merecería releerse exhaustivamente para comprender las implicancias políticas en la cultura de esa época.

Los tremendos años 70 posteriores a la muerte de Perón prefirió vivirlos, en gran parte, en Francia. Los comienzos de esa década habían sido promisorios y creíamos posible el advenimiento de un cambio político significativo. Juntos viajamos a Chile en épocas del proyecto utópico de Salvador Allende: una vez cruzando los Andes en mi pequeño Volkswagen, aún por caminos pedregosos, y otra con el grupo de artistas con quienes celebramos un encuentro político-cultural en Santiago de Chile, preparatorio del encuentro continental de La Habana. Luego los dos nos fuimos a vivir y a pintar a Europa. Habíamos habitado en la misma casa de departamentos, donde estaban nuestros respectivos hogares de infancia, por lo que compartí de chico la intimidad de su maravillosa mesa familiar y, ya de grandes, él la mía durante sus prolongadas estadías en Buenos Aires antes de volverse a Francia, una y otra vez, hasta finalmente morir en París, en 1986.

Planeamos hacer una exposición conjunta en el Museo Provincial de Bellas Artes “Rosa Galisteo de Rodríguez”, de Santa Fe, pero él falleció un mes antes de inaugurarla. Es una maravillosa coincidencia que pueda hoy prologar esta exposición retrospectiva de quien fue mi gran amigo de vida.

Creo indispensable mencionar el agradecimiento del Museo al Club Nada, conjunto de amigos que, reunido en nuestros almuerzos semanales, dio el puntapié y los aportes monetarios iniciales a este proyecto: Álvaro Castagnino, Bastón Díaz, Eduardo Medici, Álvaro Navarro, Gerardo Abad Abad-Conde, Miguel Melcon, José Luis Lecuona, Luis Wells, Osvaldo Monzo, Sasha Dávila y Juan Lecuona. Especialmente a este último, por las gestiones y el apoyo incondicional para superar dificultades financieras y de ánimos. A Clelia Taricco, que, sin conocer a Ernesto, actuó como su cómplice. A María José Herrera, máxima responsable y curadora de la exposición, quien hizo un trabajo ejemplar. A Pablo De Monte, Florencia Galesio, Violeta Bronstein, Paola Melgarejo, Mariana Marchesi y Viviana Usubiaga, que aportaron su conocimiento y creatividad para la investigación y producción de la exposición. A Adriana Laurenzi, por su contribución a la interpretación de la obra del artista, y a Ana del Valle Palermo y su equipo, por la información exhaustiva que sirvió de base para la cronología. Valeria Keller y Mariana Rodríguez, diseñadoras del montaje, supieron crear el clima justo para la exposición, y Susana Prieto, responsable del diseño editorial, puso a disposición del equipo su talento creativo. El departamento de fotografía del museo, encabezado por Horacio Mosquera, hizo un excelente trabajo que puede ser visto en este catálogo.

El personal del museo investigó, diseñó, montó, difundió, restauró, y tuvo a su cargo la producción integral de esta compleja exposición temporaria. Lo hizo de un modo ejemplar, señalando el rumbo de la programación prioritaria para un museo de la jerarquía del Nacional de Bellas Artes. Los investigadores egresados de la Universidad de Buenos Aires trabajaron al unísono con los especialistas del Museo: una inusual y celebrable muestra de cuál debe ser el nivel de investigación y de concertación entre pares. Cabe señalar que unos y otros fueron formados y trabajan para instituciones públicas, lo que demuestra su potencial cuando se dan las condiciones adecuadas de producción.

La familia Deira: Lucy, Silvina, Marcelo, Martín y Cacho, comprendió y subsidió este proyecto hasta su feliz término. Los coleccionistas privados y las instituciones que facilitaron obras, los transportistas, los impresores, y ciertamente los auspiciantes que creyeron en este proyecto, merecen nuestro sincero agradecimiento. La Asociación de Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes en todo momento apoyó el proyecto y nos aseguró con su respaldo que podríamos llevarlo a cabo.

El Comité Asesor del Museo Nacional de Bellas Artes, que tiene como función en esta etapa de transición lograr establecer un modelo institucional sólido, organizar el llamado a concurso de sus nuevos directivos y fijar las líneas curatoriales más adecuadas, ve en esta exposición y en su forma de producción un modelo a seguir para la adecuada interpretación del arte que se presenta en nuestro gran museo público.

Américo Castilla
Presidente Comité Asesor del MNBA


     
   

Schiaffino

En vísperas del Bicentenario, me produce una profunda alegría poder presentar, con el apoyo incondicional de la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes, una cuidadosa selección de las cartas que desde Europa escribe a sus padres Eduardo Schiaffino, figura emblemática de la cultura argentina de fines del siglo XIX y principios del XX.

Una lectura exhaustiva del material que atesora el Archivo del museo me permitió acceder al conjunto de experiencias, sensaciones y vivencias que marcaron los años estudiantiles del pintor.

¿Por qué hacer pública esa información? Porque revela aspectos íntimos y poco conocidos hasta  hoy del hombre que, con el tiempo, se ha convertido en el verdadero iniciador de nuestra vida cultural.

Dueño de una interesante obra pictórica, no deja de asombrarnos con sus críticas, sus relatos periodísticos y su personalidad siempre carismática, en la que es posible descubrir la alternancia de manifestaciones de extrema sensibilidad con reacciones de profunda adversidad.

Detrás del hombre público, el ser humano: éste ha sido mi proyecto, desde el momento en que tomé contacto con el epistolario de Schiaffino. Por eso, cada línea, cada párrafo y cada página me atraparon de tal manera que no pude evitar el compromiso, para conmigo misma y con la sociedad, de rescatar este peregrinar, en tanto modelo de lo que ocurría con los artistas, pintura de época y expresión de interioridad.

Ana Canakis


       

 

 

 

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